lunes, 3 de diciembre de 2012

Cornoencina, un tesoro natural desconocido en Losada (Bembibre)


Hace una década conocí las laderas de Cornoencina, por casualidad. Fui con la intención primera de echarle un ojo a Los Cinchos, roquedo muy prometedor que podría guardar abrigos con pinturas rupestres, tema que aún hoy me sigue ocupando y apasionando. En Los Cinchos no hallé rastro de signos neolíticos, sí en cambio la Cueva de Sibuto, donde tuvo hogar ayer mismo el último troglodita del Bierzo, valioso yacimiento humano porque da claves sobre la sociedad inhumana, aunque esta es otra historia.

Desde lo alto de estos paredones pude contemplar, justo enfrente, una notable arboleda. Nada menos que la primigenia floresta atlántica sobrevivía allí, acurrucada en el microclima de las vaguadas. Aquellos robles centenarios, mezclados con encinas igualmente añosas en un encuentro de biotopos continentales, habían resistido milagrosamente los embates del fuego, de las talas, de la devastadora minería del carbón. En sucesivas visitas,movido por la curiosidad o el duende, entré hasta lo más profundo, siempre con la impresión de estar profanando un santuario natural, tal es su atmósfera.

Longevos ejemplares de varios metros de perímetro componían el concierto perfecto de un bosque maduro. Por momentos, parecía como si hubieran trasplantado un pedazo de Ancares o Degaña entre las negras escombreras. Este relicto de bosque virgen sintetizaba el pasado esplendor de nuestra tierra. Caminar por él en el apogeo del otoño, desbordada la gama cromática del bronce, del cobre o del oro, fue un espectáculo impagable. En invierno, cuando los árboles duermen helados y silenciosos, resaltaba más si cabe lo genuino y dramático del lugar.


La Pedanía de Losada conserva un bosque atlántico primigenio de gran riqueza ecológica

Dada la cercanía de Toreno, supuse que los terrenos serían suyos, y durante años dejé aparcado el asunto de fronteras. No fue hasta hace pocos meses cuando me impliqué más en el conocimiento de este entorno, en las causas que lo han llevado al borde de la extinción, o en los valores que conserva. Así vine en averiguar los propietarios: el pueblo de Losada, perteneciente al Municipio de Bembibre, en la última esquina de sus confines. Una grata sorpresa para un paisano nacido a la orilla del Boeza.

El pico Cornoencina, o, para no exagerar, la loma Cornoencina, vértice geodésico, alcanza 895 metros sobre el nivel del mar. El robledal de Encina se extiende bajo él, en un laderón orientado al norte de 250 metros de desnivel máximo, en las márgenes izquierdas del arroyo Valdegalén y del río Velasco, afluente del Sil. Sumando a Encina el peculiar valle de Billouta, situado en la vertiente sur, tenemos en conjunto una superficie de apenas 300 hectáreas, pero riquísima, que muestra los ecosistemas identitarios de la Península Ibérica.


Terrenos semidesérticos de brezo, tojo y tomillo van dando paso al chaparral, a los bosquecillos de madroños, al encinar viejo, al bosque atlántico de robles salpicado de acebos, arces, abedules, avellanos, cerezos, serbales...

Abundan carballos dignos de ser declarados ‘monumento natural’: medí sólo unos pocos, los más accesibles, teniendo el mayor un perímetro de 5,5 metros, siendo decenas los de 4 metros.

También es digno de mención el bosque galería que acompaña a las corrientes de agua, con alisos, chopos, fresnos, salgueros. Un atractivo más, de carácter geológico, lo aporta el río Velasco, con sus chorreras, cascadas y las ollas que ha erosionado en pizarras y areniscas.

En cuanto a vertebrados, son demasiado astutos para que un atolondrado los sorprenda. He visto corzos y en una ocasión que llevé a mi hijo Lucas el jabalí nos echó una bronca. El lagarto ocelado, la ardilla, el conejo, el zorro, el gato montés y el lobo, dejan huellas, y el arrendajo, el chochín, el halcón peregrino, el búho real o el ruiseñor le ponen música al monte y a los recuerdos.

Dudo mucho que estas someras líneas aporten algo positivo a la zona, más bien al contrario, pero ocultar es ignorar y esconder es mentir. Los derechos, digamos jurídicos, de Cornoencina se constriñen hoy en un vulgar coto privado de caza, cuando merecería la máxima protección ambiental.

Cornoencina, en su humildad, es un filón de estudio, de sabiduría, de vida más que de muerte, una lección de supervivencia. Legado natural totalmente infravalorado o desconocido, tenemos el deber de preservarlo para las generaciones futuras, incluso de fomentar su expansión, y aquí es donde deberían entrar en liza las instituciones. Es un privilegio y un orgullo que el municipio de Bembibre posea semejante joya botánica, blindémosla antes de que sea tarde.

Casimiro Martinferre es fotógrafo y naturalista

8 comentarios:

Héroe de Leyenda dijo...

Hola Casimiro,

Maravilloso reportaje y superinteresante.
Conozco el entorno de Cornoencina, soy de Toreno y cada año me dejo caer por ahí para dar un paseo.
Los terrenos, como bien dices, son de Losada y Santa Marina del Sil, en concreto.

Como tu, también siempre me llamaron la atención las peñas de xivutu, como dice mi abuelo. No sería raro el hallazgo de alguna pintura pues se parecen bastante las peñas de Librán.

El bosque de encinas y robledales del Velasco es muy importante.

Conoces el valle del gavilán?? Tiene un robledal magnífico.
No es raro que de vez en cuando el gran plantígrado se deje caer por ese valle...

En este artículo, en uno de sus párrafos, hablo de otro bosque cercano en Santa Mariana. El de la debesa, otro enclave atlántico en una zona de mucha vegetación mediterránea.
http://blogs.ileon.com/lasendadelhayedo/2012/11/15/arboles-bosques-y-selvas-de-leon/

Enhorabuena por tus palabras.

Un saludo.

Alejandro.

Alto Sil dijo...

Excelente texto, como todo lo que escribe Casimiro Mantinferre.

Anónimo dijo...

Lamento no conocer el valle del Gavilán, tampoco la Debesa. Me limité al entorno de Cornoencina, por aquello del apego a la patria chica, aunque sobran banderas. A ver si conseguimos algún tipo de protección para este bosque, eso es lo importante. Muchas gracias por los comentarios. Aprovecho para reivindicar a Toño Campillo, promotor imprescindible en la salvaguarda de su Xistreu.
Saludos. Casimiro Martinferre.

Jorge Salas Cid dijo...

Interesante enclave.
Un saludo

Manuel Rodriguez dijo...

No se porque lo llamas bosque atlantico cuando es un bosque mediterraneo claramente,por lo demas muy interesante.
Un saludo

Unknown dijo...

Reconozco que la primera impresión al ver el artículo fue "la jodimos, otro enclave divulgado para el público, y además bastante accesible...". Pero teniendo en cuenta el peligro de explotaciones mineras, y amenazas varias, creo que solo se puede proteger lo que se conoce...
Conocí esa zona hace bastante tiempo, y no he vuelto desde entonces, me alegro de que aún se conserve. Esos "rebotsos" son sin duda de los más grandes del Bierzo, no recuerdo bien si había algún roble albar. Necesitamos de esas selvas cuasi primigenias en nuestro deforestado Bierzo, a pesar de que nuestras autoridades se empeñen en decir que aumenta la cubierta arbórea, lo cual es cierto, pero a base de especies vulgares como pinos, chopos y eucaliptos !!!, mientras nuestros robledales, abedulares, encinares, sufreirales,... se mantienen a duras penas, esperando al pirómano de turno...
Un saludo. Miguel Vizcay.

Anónimo dijo...

Efectivamente, señor Vizcay, usted tiene razón. Donde pone "carballos" léase rebollos, y donde pone "tojo" léase picamouros. Disculpe el lapsus, debe ser la medicación que me puso mi suegra. Agradezco mucho su crítica.
Saludos. Casimiro Martinferre.

Dani dijo...

Yo también lo conozco, he estado tres veces por allí, pero hace casi dos años que no voy. Hay hasta un pinar bastante curioso que es la excepción al resto de "pinares" de la zona. Y el reclamo de la perdiz es una constante en la primavera. Es un auténtico paraíso para la fauna que lo colonizará el oso cuando de ahí desaparezca definitivamente las minas.

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